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“El microrrelato periodístico no está para guardar el pudor y los buenos modales”

Pedro Antonuccio Sanó, mención especial del I Concurso de Microrrelatos periodísticos Migraciones convocado por la editorial 360 Grados Libros
Pedro Antonuccio Sanó (Foto: Marizol Zambrano)

Su microrrelato ‘Burdel, malaria y bar’ se llevó una de las dos menciones especiales del I Concurso de Microrrelatos convocado por este sello editorial. Desde Venezuela, Pedro Antonuccio Sanó (Caracas, 1962) responde por correo electrónico a un cuestionario para hablar de su obra, su trayectoria como periodista y escritor y la situación del periodismo en su país. Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas, actualmente trabaja en el diario El Mundo Economía & Negocios y la revista Hábitar Plus de Caracas. Anteriormente fue redactor en la sección de Internacional y encargado del área de diplomacia y cancillería en los diarios El Nacional y El Universal de Caracas, respectivamente. También ocupó durante cinco años el cargo de jefe de información pública en la oficina en Caracas del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) para el norte de América del Sur y el Caribe y fue asesor de prensa del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y responsable de Comunicaciones del Centro Carter en Venezuela.

“Burdel, malaria y bar”. ¿Cuándo lo escribe?

“Burdel, malaria y bar” es la reacción ante los crecientes desplazamientos mineros que están afectando los ecosistemas en diversas regiones del mundo, sin que se encuentren soluciones. Es la preocupación por su impacto negativo en lo económico, por el prejuicio de ilegales que marca a los que practican esta minería depredadora, generando conflictos sociales y la reiterada violación de los derechos humanos de sectores campesinos, afrodescendientes, indígenas y pobladores urbanos que hacen de la mina su nuevo hogar; pero también su nueva esperanza. Se enmarca en la complejidad que tuvo el 2015, cuando se escribe este relato como respuesta a esa oleada de xenofobia dormida pero real, que no debe llevarnos a la generalización absoluta, pero que cuando se manifiesta en forma colectiva y abierta contra aquel que es diferente, se convierte en la más cruda y deshumanizada estampa de la inmigración, el desplazamiento forzado y la búsqueda de refugio en otros territorios. Y allí debe actuar el periodismo. No hay que olvidar que Einstein, Mijaíl Baryshnikov y Luis Buñuel fueron refugiados, pero también que la historia del éxodo de hoy la conforman los que huyen de los desequilibrios sociales, como lo son los mineros, esos hombres-hormigas que personifican mi relato “Burdel, malaria y bar”, que desde la Amazonia suramericana hasta el corazón de África y Asia, se convierten en tractores de un dramático vagabundeo que toca la condición más intrínseca del ser humano: sobrevivir.

¿De dónde surge la idea?

“Burdel, malaria y bar” es una reflexión sobre la confrontación de los derechos legítimos que tienen los ciudadanos por subsistir en este mundo desigual, cuando los Estados son incapaces de ofrecerles el bienestar que merecen. Es la narración de los derechos que tienen las poblaciones afectadas por culpa de la minería y la explotación de sus recursos naturales, sin control. Es mi reacción a un modelo económico extractivo que está en la selva y la ciudad; que le quita un piso a una familia desamparándola en su porvenir; le resta un maestro a una escuela y un médico a un hospital. Y entrega territorio a corporaciones globales para almacenar fortunas, que el periodista italiano Stefano Liberti ha retratado con magistralidad en su obra “Los nuevos amos de la tierra”; sin que necesariamente esto conlleve progreso social para las comunidades inmediatas. No basta que se difundan los efectos perniciosos de la minería, sino se reordena el territorio y se redistribuye la tierra para aquellos que no tienen nada.

El fenómeno de las migraciones, así como el de los desplazados internos y refugiados, encarna un desafío de primer orden en materia de derechos humanos. Representa un termómetro de lo mal que puede estar la salud democrática en el mundo; y, de algo más peligroso, que tiene que ver con la persistencia del odio, destrucción y violencia como factor desencadenante para que millones de ciudadanos, debido a su opinión política, nacionalidad, raza y/o religión se vean obligados a abandonar su lugar de origen sin poder retornar a ellos, porque las condiciones que han originado esta desafortunada situación no se los permite. De allí nace también “Burdel, malaria y bar”, que considero una expresión del periodista sobre las tipologías de desplazamientos que nos preocupan.

¿Cómo suele inspirarse para afrontar el papel en blanco?

Paradójicamente de las peores obras de teatro que ocupan el protagonismo de la opinión pública hoy, brotan las mejores inspiraciones para confrontarlas en el terreno de la palabra, que aunque no transforme la cruda realidad, sirve de alerta temprana para neutralizar una incompatibilidad. Así, las vergonzosas expresiones de Donald Trump contra los migrantes mexicanos y por ende, todos nosotros los latinoamericanos; la zancadilla de una camarógrafa húngara contra un refugiado sirio y su hijo en brazos, mientras cruzaban la frontera desde Serbia a Hungría; la odisea de Abou, “el niño de la maleta”, oriundo de Costa de Marfil, detectado por los rayos x en el interior de un equipaje cuando trataba de entrar a Europa, luego de ser expedido cual paquete postal; y el fenómeno de los desplazamientos por la minería incontrolada que ha existido desde siempre, pero que se ha exasperado por su carácter informal a nivel mundial, te llevan a manifestarte frente al papel en blanco.

¿Lleva mucho tiempo escribiendo?

Desde que empecé en 1982, cuando estudiaba Periodismo, cambiando el papel y las cintas que requerían las máquinas de teletipos y laserfotos, a través de las cuales llegaban a la redacción, las noticias y las imágenes de las agencias EFE y Associated Press, empecé a escribir. Me di cuenta que no importaba si el periodismo entretenía, informaba, opinaba, educaba o arrojaba luces para que un debate público despertara al poder, o lo invitara desde la racionalidad ciudadana a cambiar de rumbo, si éste había tomado un mal camino. En una oportunidad busqué la opinión de Henry Kissinger a su paso por Caracas y cuando salí del hotel, me topé con la sorpresa que estaba reunido con Gabriel García Márquez, quien me impactó diciendo “le he propuesta a Kissinger una serie de documentales hechos en la escuela de cine de San Antonio de los Baños (Cuba) para incrementar la receptividad del público hacia el fútbol en Estados Unidos, a propósito del Mundial de 1994, que celebrará en ese país”. Uno escribe para ofrecer la novedad, pero también se hace para que el periodismo no sucumba en su objetivo y propósito. El paso del tiempo afortunadamente te plantea la palabra como una infinita expresión más allá del género periodístico.

¿Qué tiene de especial el género de los microrrelatos?

La información es un derecho humano fundamental que debemos valorar. Cada día está en riesgo, no solo en el teatro de la guerra, sino cuando el acceso a la información se hace imposible; y sobre todo, en momentos cuando se intenta disolver la compleja labor del periodismo, como si fuera una tableta de Alka-Seltzer en el vaso de las supuestas bondades ilimitadas que ofrecen las redes sociales y las nuevas tecnologías. Y entonces, aparece el microrrelato como una respuesta coherente del periodismo hacia aquello que suele ser superficial y llega a ser intrascendente. Lo oportuno y necesario del microrrelato y, por ende, del I Concurso Periodístico de Microrrelatos de 360 Grados Libros, que celebro y agradezco, nos permite a través de una fórmula narrativa de impacto rápido, dirigirnos por ejemplo, a las conciencias humanistas, que condenan este tipo de bajos sentimientos, intolerancia y hasta de actitudes criminales antes señaladas. Y en segundo lugar, porque el periodismo, en cualquiera de sus géneros y el microrrelato, son modalidades estelares para ello. El microrrelato periodístico no está para guardar el pudor y los buenos modales cuando los cimientos de lo que queda de la conciencia mundial se derrumban, como hoy vergonzosamente sucede en la ciudad siria de Madaya, donde sus ciudadanos mueren de hambre por el cerco militar a la ciudad y por la falta de medicamentos y atención sanitaria. Y por algo más grave, porque Madaya carece de la espectacularidad que impone muchas veces el perverso negocio de la comunicación, cuando las tragedias no suceden en Occidente.

¿Participa habitualmente en concursos literarios? ¿Ha ganado alguno?

No con la regularidad que quisiera. Admiro el circuito de certámenes literarios en España y América Latina que incentivan la narrativa. En 2005, fui finalista del XXIII Concurso de Relatos Ciudad de Zaragoza, con el relato “Los Comisarios”.

¿Cómo conoció el I Concurso de Microrrelatos ‘Migraciones’ de 360 Grados Libros?

La lectura de una entrevista publicada en el blog de 360 Grados Libros con el fotoperiodista y documentalista David Segarra me llevó a las bases del concurso.

¿Ha publicado algún libro?

En diciembre de 2015 publiqué “La Balcanización del Mundo Árabe/Diálogo con Mazhar Al-Shereidah. ¿Se ha declarado la guerra entre Occidente y el Islam? (Edición lulu.com 2015), un ensayo que intenta desmontar la mitología que acompaña a la Primavera Árabe, que sin duda transita su estación más cruda e invernal. Mi trabajo editorial se refleja en: “Diablos Danzantes de Naiguatá, Pueblo, Fiesta y Tradición”, ediciones Banco Central de Venezuela (2013). “Los Comisarios” en “Relatos 2005-XXIII Concurso de Relatos Ciudad de Zaragoza, Colección Cultura Popular, Ediciones Ayuntamiento de Zaragoza; “Ipso Facto Fotografías”, Colección Luz y Memoria, Caracas 2007. Medios masivos de comunicación: proyección regional y conformación de imágenes y estereotipos en “Diversidad cultural y tensión regional: América Latina y El Caribe”, Editorial Nueva Sociedad/INVESP, 1993; Una integración Incomunicada: la desinformación en el Gran Caribe en “El Caribe frente a la Globalización”, Editorial FACES/UCV, 2004.

¿Tiene algún escritor favorito?

Graham Greene, Stendhal, Manuel Vicent, Peter Scholl-Latour y Mario Vargas Llosa. Y los venezolanos Rafael Cadenas, Miguel Otero Silva, Ana Teresa Torres, Salvador Garmendia y Francisco Massiani.

¿De dónde surge su vocación como escritor?

Creo que el periodista no debe ser nunca cabeza de turco, chivo expiatorio o comodín de los intereses particulares de una sociedad. Y menos cuando empresarios o gobiernos buscan convertirse en actores inmerecidos de esa sociedad, a costa de reducir espacios necesarios donde la información y la opinión del comunicador son indispensables para la salud democrática. Mi vocación para escribir en el formato tradicional del periodismo y en los ricos espacios no convencionales que ofrece una Editorial para periodistas, por ejemplo, de cara al desafío de este mundo cada vez más disímil, se contextualiza en la necesaria aspiración que tiene el ciudadano de a pie frente a la palabra como bien social. Al escribir, esa vocación no debe alejarse de la responsabilidad protagónica que como intermediario te otorga una audiencia determinada. Fuera de los géneros periodísticos, escribir también representa abrir tu imaginación a un mundo no tangible.

¿Cómo es la situación del periodismo en su país?

En Venezuela el periodismo, los medios y los periodistas debaten con la sociedad sobre su responsabilidad frente a la compleja realidad que envuelve la dinámica del país. El mercado de la comunicación local, en general, está signado por el papel que asume el gobierno al normar el espectro comunicacional y cómo repercute esto en la operatividad logística y editorial de las empresas de comunicación. Aun así, al periodismo venezolano le corresponde ser reflejo tangible de la ciudadanía para lograr un ejercicio cabal de sus funciones, debatiendo las necesidades insatisfechas de la sociedad y propiciando mayor transparencia institucional y soluciones. El periodismo batalla, en medio de la crisis por una mejor profesionalización de los comunicadores dentro de la ética que conlleva el ejercicio de informar. El periodismo venezolano enfrenta la debilidad estructural de su propio gremio. Debe sortear las consecuencias de no contar, con una radio y televisión pública equilibrada. Debe convivir con una suerte de apropiación no concertada, en el ámbito que corresponde exclusivamente a los periodistas, usurpada por profesionales de otras áreas. ¿Para qué están las escuelas de Comunicación, los diplomados sobre periodismo? El periodismo venezolano se enfrenta así mismo, a la injerencia de los gobiernos de turno, de los aparatos estatales, de los centros del poder público y privado y de estructuras supranacionales de la información que imponen la agenda en muchos casos, disminuida por el auge de la interactividad en la red. El periodista, claro está, enfrenta las acciones que buscan disuadirlo de su ejercicio profesional, por decir algo “inapropiado”.